Del antropocentrismo y sus derivados


Jeremy Bentham, fundador de la escuela de filosofía moral del utilitarismo, allá por el siglo 18 incorporaba a su sistema ético la base esencial de la igualdad moral estableciendo que: “Cada persona debe contar por uno, y nadie por más de uno.” En otras palabras: los intereses de cada ser afectado por una acción deben ser considerados tan importantes como los de cualquier otro ser.


Este principio moral implica que nuestra buena disposición y consideración hacia los intereses de otros no debe depender de cómo luzcan o de cuales sean sus aptitudes. La base de esto está en que la consideración hacia los intereses y derechos del otro -según el principio de igualdad- debe extenderse a todos los seres, negros y blancos, hombres y mujeres, humanos y no humanos.


Y es que las luchas contra el racismo y el sexismo se basan en este principio, y el especismo no es la excepción. El especismo se trata de la discriminación moral en función de la especie, y se basa en el antropocentrismo el cual coloca a los intereses y necesidades del ser humano por encima de los de cualquier otro ser vivo.


Lo cierto es que si bien todos los animales no humanos merecen consideración moral, consideramos a algunos más que a otros, dependiendo de factores filogenéticos o de cuan próximos a ellos vivamos.


No voy a extenderme al global de especies ya que me supondría escribir mucho (muchísimo) e ir mucho más allá de los objetivos de este blog. Así que una vez más voy a concentrarme en lo que nos compete en esta página: los perros (aunque el mensaje es absolutamente generalizable).


Quizás le resulte un poco extraño a quien esté leyendo esto que en un mismo texto convivan los términos “perros”, “antropocentrismo”, “especismo”, pero es que dichos términos conviven más allá de los límites de este texto. Conviven en la vida real.


Constantemente podemos encontrarnos en las redes sociales artículos sobre el trato no ético hacia los perros (artículos que, vale la pena comentar, en muchos casos –demasiados- no concuerdan unos con otros, no llegando a un consenso de lo que es considerado maltrato y lo que no), porque es algo que sucede con mucha regularidad. Y es importante destacar que cuando se habla de maltrato no se limita a un daño físico, sino a cualquier daño, físico o moral. En lo personal pienso que la gran mayoría de las personas que trabajan con perros o tienen perros y les infligen daño en muchos casos no se dan cuenta que lo están haciendo (hasta que alguien se los explica) o por convicción afirman que no lo están haciendo (aunque esa convicción carezca de sustento científico). Es que el especismo está íntimamente relacionado con el nivel de empatía y compasión.


El especismo se encuentra en todos lados (cuentos de hadas, publicidad, películas, textos de literatura, música, etc.) lo que hace sea muy difícil escapar de él. Vivimos en un mundo especista. En más de una oportunidad me he encontrado dentro de una conversación en la cual me afirman que los perros no deben ser educados, no tienen porqué estimularse mentalmente, no les importa que les den un tirón con un collar de ahorque, o incluso pueden prescindir de salir a pasear (si estuviese todos los días encerrada en mi casa sin poder salir aunque quisiera, sin duda me terminaría volviendo loca!). Me han dicho que al perro con comer, dormir y respirar (a veces salir a pasear) es feliz. Y este pensamiento no ocurre en un porcentaje reducido de la población. Tiene que ver con el nivel de empatía, compasión y por tanto, especismo (hace mucho ya que hablo de niveles de especismo, como los niveles de glucosa en sangre, es algo con lo que convivimos… por ahora :) ).


He solido leer o escuchar en relación al trato ético hacia los perros y otros animales que se trata de algo muy complejo, y casi imposible, el hecho de pretender que todas las personas se pongan de acuerdo en una valoración moral al respecto, y resulta que esto no es tan complicado. Cuando leemos una noticia de que un hombre golpeó a su esposa hasta dejarla hospitalizada, todos estamos de acuerdo en que eso no es aceptable bajo ningún concepto. Con los perros (y otros animales… no puedo evitarlo) no hay diferencia. Si se le pega una patada a un perro no pierdo el tiempo en evaluar la intensidad del golpe o con qué frecuencia se aplica o si el perro llora o no. Una patada es una patada, quien quiera sea el receptor de la misma.


Si bien hay muchísimas personas trabajando para cambiar el mundo –tengo el enorme placer de conocer a varias- lo cual es un arduo y largo trabajo y quedando aún mucho camino por recorrer (camino que espero cada vez más personas desde su lugar comiencen a recorrer) hay algo que podemos comenzar a hacer HOY, y este es el mensaje que quería dar en este artículo:


El primer paso es comenzar a modificar nuestra manera de pensar en cuanto a que los humanos somos la especie superior, y por consiguiente que nuestros intereses son más importantes. Nuestros intereses son diferentes (y no todos) pero no más importantes que los de un perro. Me parece entonces un muy buen ejercicio a hacer el preguntarnos a nosotros mismos “¿Qué hubiese pasado si hubiese nacido perro?”, “¿qué cosas me gustarían hacer?”, “¿cómo me gustaría me considerasen?, “¿qué trato me gustaría recibir?”.


Y como recomendación y mensaje final, creo de suma importancia hacer algunos cambios en nuestra manera de expresarnos ya que esto envía el mensaje de colocar al ser humano en un pedestal cada vez más lejano al resto de las especies. Como nos expresamos es muy importante, y cada vez que hablamos de “humanos y animales” lo hacemos. El humano es un animal, de la A a la Z!


Hablemos entonces de “humanos y los demás animales”, o hablemos de “animales humanos y no humanos”. Partiendo de esto, tan simple de ejecutar pero no tan simple de internalizar, generamos buenos cimientos y estamos en el camino del éxito... y los perros también.