La conciencia: ¿exclusividad del humano?

“La diferencia es que los humanos somos conscientes de lo que hacemos y los animales no.”

Lo hemos escuchado infinidad de veces, y es que de hecho muchas personas aún hoy continúan creyendo esto. En muchos casos esta afirmación estaba basada en una creencia popular, en otros proviene de la conveniencia para justificar ciertas acciones hacia los demás animales, pero en ninguno estaba basada en evidencia científica.


Lo cierto es que, sea cual sea el origen, de base existe un principio antropocentrista en este formato de pensamiento. De hecho, el primer paso que deberíamos dar es hablar de “animales humanos” y “no-humanos”, en lugar de “humanos “y “animales”, excluyéndonos de esa clasificación como si nosotros no perteneciéramos a ella.


¿A qué nos referimos con el término “conciencia”? Para la psicología la conciencia es un estado cognitivo no-abstracto que permite que un individuo interactúe e interprete los estímulos externos que forman lo que conocemos como la realidad. Si un individuo no tiene conciencia se encuentra desconectado de la realidad y no percibe lo actuado. Es a través de la conciencia que obtenemos una noción de nosotros mismos y de nuestro entorno.


Desde tiempos inmemorables se ha catalogado al humano como el animal más especial debido a su capacidad de conciencia, reduciendo a los demás animales a seres que actuaban exclusivamente de manera instintiva en respuesta a los estímulos que se presentaran. El humano era superior porque tiene la capacidad no sólo de adaptarse a las condiciones externas, sino de cambiarlas y amoldarlas para un determinado fin. Capacidad para el trabajo y la cultura son conceptos que a lo largo de los años se han utilizado para justificar la superioridad del humano, pero hoy sabemos que en varias especies de otros animales estas capacidades se presentan y manifiestan (como es el caso de las orcas en las que se ha comprobado que han creado su propia cultura y que la misma se transmite de generación en generación, sólo por citar un ejemplo) por lo que dichos argumentos han ido perdiendo su relevancia con el paso del tiempo.


Otro de los principales argumentos que se ha utilizado es la presencia de una corteza cerebral. La corteza o córtex cerebral es el tejido nervioso que cubre la superficie de los hemisferios cerebrales alcanzando su máximo desarrollo en los primates. Es aquí donde ocurre la percepción, la imaginación, el pensamiento, el juicio y la decisión. Resulta que también se ha demostrado que la ausencia de córtex no excluye a un organismo de tener experiencias afectivas y conciencia.


El 7 de julio de 2012 durante la Francis Crick Memorial Conference, en la Universidad de Cambridge, un prominente grupo de neurocientistas cognitivos, neurofarmacologistas, neurofisiologistas, neuroanatomistas y neurocientistas computacionales, en presencia del científico Stephen Hawking, se reunieron para firmar un manifiesto afirmando la existencia de “conciencia” en los animales no-humanos.


En dicha conferencia se destacaron, entre otras, las siguientes observaciones a nivel técnico:


- Los sustratos neuronales de emociones no parecen estar limitados a las estructuras corticales, tanto en humanos como en animales no-humanos.


- La excitación artificial de las mismas regiones del cerebro genera un comportamiento empático y estados emocionales en el humano y en el animal no-humano por igual.


- Cualquier parte del cerebro evoca comportamientos emocionales instintivos en animales no-humanos, muchos de los comportamientos consiguientes consisten en sentimientos de experiencia, incluyendo esos estados internos de la recompensa y el castigo.


- Ciertas especies de aves aparentan exhibir diseños neuronales del sueño como los mamíferos, incluyendo el sueño REM, y como se demostró en el diamante mandarín, diseños neurofisiológicos pensados para evolucionar en una neo-corteza mamífera. La urraca en particular ha mostrado directas similitudes a los humanos, grandes simios, delfines y elefantes en estudios al espejo de auto-reconocimiento (la “prueba del espejo” fue desarrollada en 1970 y mide la capacidad de conciencia de sí mismo determinando si el animal puede reconocer su propio reflejo en un espejo como una imagen de sí mismo).


La declaración final establece lo siguiente:


"La ausencia de una neo-corteza no excluye a un organismo de estados de experiencia afectiva. Evidencia indica que los animales no-humanos tienen un sustrato neuroanatómico, neuroquímico y neurofisiológico de estados de conciencia con la capacidad de exhibir comportamientos intencionales. Consecuentemente el peso de la evidencia indica que los humanos no son únicos en poseer los sustratos neurológicos que generan la conciencia. Animales no-humanos, incluyendo todos los mamíferos, las aves, y muchas otras criaturas, como el pulpo, también poseen esos sustratos neurológicos.”


Sobra decir que esta declaración resulta una verdad incómoda y bastante inconveniente para muchas personas, lo que hace que aparezca resistencia.


En cuanto a lo que refiere al estudio de la conciencia en perros concretamente, el investigador Roberto Cazzolla al interesarse por este tema observó que la capacidad de reconocer su propia imagen ante un espejo es una habilidad extremadamente rara en el reino animal. Se ha visto a una amplia gama de especies no pasar la prueba, incluyendo varias especies de monos, pandas gigantes, leones marinos, pájaros y perros.


En el caso de los perros, no muestran interés en mirar en el espejo pero por lo general huelen u orinan alrededor del mismo. Fue así como Cazzolla pensó que el error incurría en la perspectiva desde la cual los investigadores estaban planteando la prueba, y realizó un test alternativo a la prueba del espejo con objeto de comprobar que es el sentido del olfato -y no la vista- la principal forma de determinar la autoconciencia en los perros.


Se utilizaron cuatro perros y se recogieron muestras de orina de cada uno. Las pruebas se repitieron cuatro veces al año, al comienzo de cada temporada. Se colocaron dentro de una valla cinco muestras de orina que contenían el aroma de cada uno de los cuatro perros y una muestra en blanco, conteniendo únicamente algodón sin olor. Se abrieron los recipientes y se permitió a cada perro moverse libremente durante cinco minutos. Se registró el tiempo empleado por cada perro para oler cada muestra. El resultado fue el siguiente:


Todos los perros dedicaron más tiempo a oler las muestras de orina de los demás en lugar de la suya propia, y este comportamiento confirma la hipótesis de que los perros parecen conocer su olor exactamente, están menos interesados ​​en sí mismos, y por tanto son conscientes de sí mismos.


Además, este estudio muestra una correlación entre la edad individual de los perros y el tiempo para oler las muestras de orina, un resultado que apoya firmemente la idea de que la conciencia de sí mismo aumenta con la edad, como se ha demostrado en otras especies, tales como los chimpancés y los seres humanos.


Parece ser que es tiempo de ir dejando de considerarnos tan especiales, y comenzar primero a aceptar, para luego apreciar las maravillosas similitudes que compartimos con el resto de los animales.