"Mi perro no hace nada"


Caminar por las calles de Montevideo se ha vuelto todo un reto, más aún si llevamos a nuestro perros con nosotros.


Cuando me toca salir a trabajar con perros (los cuales siempre están con correa y controlados por mi), me preparo como para una especie de pista de obstáculos de la que tendré que lograr salir lo más ilesa posible… física y emocionalmente. Te preguntarás a qué obstáculos me refiero, pues a los perros sueltos y descontrolados, y a sus humanos claro (a los perros sueltos, equilibrados y controlados que simplemente siguen su camino, los excluimos de este artículo).



Esta problemática tiene varias aristas:


Para los Paseadores es un dolor de cabeza diario. He llegado a ver Paseadores con ocho perros o incluso el doble de esa cantidad, que iban caminando tranquilamente con la manada y de repente toda la armonía se rompe al venírsele un perro encima en estado de completa excitación a enfrentar a sus congéneres. Lo peor del caso es que en muchísimas oportunidades el dueño viendo la situación –siempre desde lejos-, o no dice nada, o sonríe, o grita: “mi perro no hace nada, no te preocupes!”. En el mientras, el Paseador intenta sacárselo de encima, evitar que nadie salga lastimado (incluso él mismo), y luego debe trabajar para retomar la calma perdida en su manada.


Los Adiestradores y dueños que regularmente salimos a la calle con perros con problemas de reactividad, inseguridad o ansiedad, nos enfrentamos a un gran problema cada vez que otro perro no respeta el área crítica del nuestro (ni la nuestra). El área crítica es ese espacio individual fluctuante que lo rodea y que una vez que no se respeta hace que se sienta incómodo. Todos los animales tenemos nuestra área crítica. Alguna vez te habrá sucedido encontrarte con alguna persona que se acerca demasiado a hablarte y sentís la imperiosa necesidad de alejarte porque no podés ni concentrarte en lo que te está diciendo. Lo que ocurre es que estás muy incómodo porque esa persona está dentro de tu área crítica. No importa si es sumamente amistosa, o incluso si es la persona con más onda del condado. Está violando tu espacio personal y eso nunca es agradable. Con los perros ocurre exactamente lo mismo. Poco le interesa a mi perra que en ese momento se siente invadida, que el dueño me diga “mi perro no hace nada!”, y que ni siquiera se ha dado cuenta que su perro en ese preciso momento... ya está haciendo algo. En lo personal, no me agradaría que al ir caminando por la calle un completo desconocido de repente se precipite sobre mí, aunque sea para darme un abrazo repleto de amor. Ante esa situación puedo reaccionar principalmente de dos maneras: o me asusto y huyo, o me defiendo al sentirme amenazada. Esto ocurre cuando un perro se precipita sobre otro.


Cuando se invade el área crítica se siente frustrado, ansioso. En una primera situación quizás intente alejarse o emita alguna señal de calma. Pero cuando se le invade su espacio sucesivamente, comienza a realizar una defensa más activa. Básicamente ocurren dos cosas: comienza a anticipar el mostrarse defensivo activamente para evitar que se produzca la situación que lo incomoda, y en segundo lugar aprende de cada situación lo que mejor le funciona para evitarla.


La mayoría de las personas no saben leer el lenguaje corporal de su perro, pensando (o queriendo que la intensión sea...) que se acerca a jugar, cuando en realidad lo hace en un estado emocional que no es el más adecuado, lo cual puede fácilmente desencadenar una pelea. Se desconoce el concepto de área crítica y por ello muchas personas piensan que el hecho de que su perro se le abalance encima a otros es algo que todo perro debe tolerar sin problema. También existe la creencia de que cualquier persona puede tocar a cualquier perro de repente y el perro lo debe aceptar sin problema porque eso es ser "sociable", pero el error radica en que ser sociable no implica que invadan su espacio, ni que le deba caer bien todo el mundo. Es recién cuando el perro muerde a otro, o a alguien, que la persona se percata de que hay un problema. El tema es que no sólo se siente ansioso sino que puede sentirse inseguro, amenazado, y en ese momento ya estamos ante una situación de seguridad personal. Si tiene miedo, se va a defender.


Vale aclarar que esto ocurre también aunque uno vaya solo. Perros que se te vienen encima, algo que para un niño, una persona mayor, alguien con algún impedimento físico, incluso alguien al que no le gusten los perros (sí, existen esas personas con gustos diferentes a los nuestros), puede ser una muy desagradable e incluso escalofriante situación.


Hay dos problemas que considero fundamentales: la negación de las personas respecto a la situación que él/ella y su perro generan (y acá agrego el tener que llamar al perro diez veces para que le haga caso), y la falta de conocimiento respecto al lenguaje corporal y la falta de responsabilidad en la tenencia de los perros que existe en nuestro país.


La más preocupante se da cuando luego de una situación del estilo, uno le pide al dueño que por favor controle a su perro (siempre con respeto sino ni cuenta), y recibe respuestas del tipo “es tu perro el que reacciona mal, mi perro solo quería jugar”. Incluso me pasó hace unas semanas atrás, ver a un perro que venía suelto con su dueño y saltó a la calle, muy transitada por cierto, para morder la pierna de un chico que iba en skate. Logró, con mucha habilidad, esquivar al perro y cuando habló respetuosamente con el dueño (tuvo el temple para hacerlo), el señor le respondió “y bueno, no tendrías que pasar en skate por al lado del perro”. Una respuesta creativa, no puedo negarlo.


También hace una semana atrás, una compañera Paseadora mientras paseaba con su manada, recibió la mordida de un perro que salió excitado de su casa cuando el dueño le abrió la puerta para que “se paseara solo”, y ni siquiera vio la situación como para poder asistirla. Ella iba con algunos perros que son considerados de razas “potencialmente peligrosas”, y el perro que la mordió fue un Caniche (y le hizo daño). Si la hubiese mordido alguna de esas razas, una vez más se responsabilizaría a la genética del perro y no al humano detrás.


En este sentido, concluyo reflexionando que el problema claramente no son los perros.


Con los anteriores ejemplos dejo de manifiesto que la situación realmente está bastante fuera de control. Pienso que en el corto plazo se hará necesario impulsar la realización e implantación de una reglamentación seria, ejerciendo los controles correspondientes para garantizar su cumplimiento, ya que se ve que sin ella la convivencia no funciona del todo bien.


(Crédto de la foto: Chriss)